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La ciudad como un paisaje – Manuel Ribas i Piera

Un camino y una salida en el desorientado y desorientador mundo de la planificación urbana de hoy.

En la tradicional carencia de teorías globales que caracteriza -y es natural – la incipiente Ciencia urbana, se ha intentado expugnar el circulo de las incógnitas mediante una voluntariosa búsqueda de los significados abstractos de la ciudad. Así, la ciu­dad como idea o concepto, en el sentido más intelectual de la palabra, ha consegui­do numerosos investigadores que han profundizado decididamente en el hecho urbano desde una visión socio-económica, funcional, y en un amplio sentido, ética de su ra­zón de existir. Me refiero a los tratadistas de la ciudad como “lugar de intensas rela­ciones”, y con eso ya está dicho que se sitúan dentro del importante grupo de los in­vestigadores de la Estructura Urbana.

La visión de la ciudad reducida a su estructura inmaterial, permite un análisis global y sobre todo posibilita trabajar sobre los modelos con que la Ciencia urbana, prestando conceptos y creando otros, enriquece las futuras posibilidades de acción, en una ta­rea que podríamos decir, por similitud, de “autofinanciamiento”.

Este afán -propio de toda ciencia-, de globalizar los resultados y tratar de obtener “cosmogonías” que expliquen de una vez el hecho estructural urbano, ha marcado con un sello profundo el mundo de la Urbanística; tanto, que los investigadores de la búsque­da formal se han visto influenciados por esta tendencia sintetizadora, como diré a continuación.

Me referiré ahora a la ciudad como imagen global, compleja pero única, fruto de una percepción similar a la que puede proporcionar cualquier objeto tridimensional bajo la luz del sol. Esta percepción, parecida a la percepción “gestáltica” de las cualidades sensibles de un objeto agrupadas en el todo, es la que fácilmente se consigue, por ejemplo, ante un pequeño pueblo situado en la cima (fácil de captar de un vistazo) o sobre volando una ciudad (si no es demasiado grande). Es la que ya preocupaba a los cons­tructores del Barroco y les impulsaba a la panorámica y al panóptico, que hiciera mas asequible el conjunto formal de la ciudad.

En esta construcción, la ciudad se dibuja como esquema de grandes rasgos formales característicos, reducida a lo que podríamos llamar accidentes de la geografía urbana, tan to preexistentes como voluntarios.

Al resultado de esta percepción total, de conjunto, se pueden aplicar normas sencillas de valoración compositiva (acuerdo-contraste, unicidad-pluralidad, punto-línea-masa equilibrio, ritmo, etc.) que permiten tratar formalmente pero abstracto de la ciudad; es decir, más allá – o más acá – de las puras consideraciones funcionales y genérica – mente moralistas; pero aún más en el terreno de la abstracción, al cual por eso mismo muchos otorgan condición de ineludible y consustancial con la Urbanística.

Formato:  pdf Comprimido:  No Peso:  7.17 MB Lenguaje:  Español

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